La infancia canina


Importancia de los primeros meses de vida en la conducta futura del perro:

La biología de los animales sociales está diseñada para optimizar la capacidad de supervivencia de los miembros de un grupo. No solo se trata de mantenerse vivo, sino de llegar a la edad adulta y aumentar la posibilidad de transmitir los genes a una generación posterior.

Para ello, ha dotado a los individuos de una serie de mecanismos de aprendizaje basados en la transmisión de información desde unos individuos a otros. Estos mecanismos comprenden la imitación, el modelado, la facilitación social, etc. Sin estos mecanismos, un miembro de un grupo solo puede aprender en función de las consecuencias de sus actos, es decir, por ensayo – error.

 

cachorros

En los primeros meses de vida de un cachorro, éste debe aprender a reconocer a sus congéneres, a los demás seres vivos con los que mantendrá relaciones sociales y a interpretar los estímulos presentes en el entorno que le rodea.

También aprenderá el lenguaje propio de su especie y como evitar conflictos con los miembros de su grupo social, además de las pautas de conducta propias de su naturaleza.

 

Este aprendizaje se lleva a cabo a través de los mecanismos antes comentados, por medio del contacto con los padres y hermanos de camada. En torno a la pubertad, se habrá convertido en un perro adaptado perfectamente al entorno (ambiental y social) en el que ha vivido desde su nacimiento.

Es importante tener en cuenta, que el periodo de máxima capacidad de aprendizaje y/o adaptación ocurre en los cuatro primeros meses de vida. Posteriormente, esta capacidad disminuye hasta la edad adulta.

Esto significa que un cachorro criado en un determinado entorno aprenderá a adaptarse y a interpretar dicho entorno, pero si de adulto le trasladamos a otro entorno distinto, le resultará muy difícil adaptarse.

    Un ejemplo habitual de esta idea ocurre en los perros criados en una finca, y que en el periodo adulto son llevados a vivir a una ciudad. Observaremos la aparición de conductas territoriales, dificultad en el trato con otros perros, miedo a estímulos como coches, bicis, etc. En definitiva, tendremos un perro para el que todo lo aprendido no sirve para el lugar de residencia al que ha ido a parar (algo así como si después de media vida aprendiendo a sobrevivir en la selva, nos obligan a vivir en el centro de Nueva York).

     Como conclusión, podemos decir que de forma ideal un perro debería criarse junto a sus padres y sus hermanos de camada, y en el entorno donde vivirá su etapa adulta.

En la práctica, vemos que esto no ocurre en la mayoría de los casos, y de ahí que en Etología Veterinaria Asturias encontremos una alta correlación entre determinados problemas de conducta (agresión intraespecífica, trastornos de miedo, inadaptación, etc.) y hechos como la adopción temprana del cachorro (antes de los dos meses de edad), el destete precoz o la cría en entornos hipoestimulantes.

    Siendo realistas, todos comprendemos que hoy en día es muy difícil acercarnos al ideal de crianza de los perros. Por ello, queremos aprovechar para hacer un reconocimiento a aquellas personas que deciden de forma voluntaria acoger a cachorros en su casa dando así una oportunidad a muchos cachorros de vivir en un entorno reconocible para ellos. Tampoco queremos olvidarnos de los criadores que se preocupan no solo de la estética de sus perros, sino de su responsabilidad en el hecho de que nuestros perros puedan ser felices en nuestras casas.

 

Por Alberto Macias

Veterinario y Etólogo Clínico

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