Dentro del ámbito de la Conducta Animal, quizá uno de los aspectos más complejos sea el estudio de la conducta social.

Se engloba bajo el término conducta social al conjunto de patrones de comportamiento, y sus mecanismos subyacentes, que permiten a una especie el establecimiento de grupos estables de individuos.

La socialidad se trata pues de una característica propia de una especie,  modelada como una estrategia evolutiva cuya función es la supervivencia de los miembros de dicha especie.

Es fundamental no confundir “socialidad” con otros conceptos relacionados, como “sociabilidad” (tendencia de un individuo concreto a establecer interacciones con otros, siendo por tanto un factor de personalidad) o “gregarismo” (término que hace referencia a la disposición espacial de los individuos).

Los distintos modelos de conducta social se establecen en función de la complejidad en la estructura del grupo (familiar, clan, tribu, etc.) y en el tipo de relaciones interindividuales entre los miembros de un grupo dado. También se tienen en cuenta las relaciones entre grupos (poblacional) y entre poblaciones (metapoblacional).

La conducta social del perro ha sido entendida popularmente como un modelo de grupo jerarquizado, extrapolado del lobo, basado en el dominio (“estructura de poder” donde el dominante se impone al sumiso). En este sentido hay varios matices a tener en cuenta. El primero de ellos, es que la estructura social del lobo ha sido estudiada mayoritariamente en animales mantenidos en cautividad. El segundo, que los términos “dominante” y “sumiso” son rasgos de personalidad independientes de la estructura de un grupo. Estos últimos términos también se han utilizado en estudios etológicos como constructos prácticos (individuos α, β, etc.) habiendo sido distorsionados al pasar a tener un uso popular.

Al estudiar lobos en libertad, se observa que no existen “manadas” de lobos, sino que los grupos se corresponden con unidades familiares (individuos con lazos de parentesco) regulados por “roles” que tienen que ver mas con la edad y el sexo que con el dominio o la sumisión. En el perro doméstico, el estudio de la conducta social natural (u original) es difícil debido a la interferencia humana en la misma, sin embargo se puede utilizar como hipótesis la estructura de clan / tribu (estructura donde conviven varias unidades familiares con un origen común).

Loba con sus lobeznos © Klaus Buchmann

Para que un grupo social sea estable se requieren unas condiciones:

– En primer lugar, debe existir un sistema normativo de convivencia constituido por reglas aprendidas, que regulan como debe comportarse un determinado miembro del grupo (comportamiento esperado o socialmente aceptable).

– En segundo lugar, debe existir un medio de transmisión de dichas normas de unos miembros a otros, es decir, un lenguaje conocido y compartido por todos. Este lenguaje a su vez debe ser aprendido en una etapa infantil de la vida.

– Por último, la estabilidad de un grupo social depende de la ocupación de un espacio (territorio) regulado a nivel poblacional, dependiendo sus características de factores tales como la densidad de población, la cantidad de recursos alimentarios, la presencia de depredadores, etc.

El aprendizaje, tanto de las normas de convivencia como del lenguaje, se produce en el perro de manera paulatina a lo largo del primer año de vida, fundamentalmente por imitación y modelado de los miembros adultos del grupo, que ejercen una enseñanza activa. Una fuente importante de aprendizaje en esta etapa es a través del juego, que se establece casi exclusivamente con los hermanos de camada, debido a la estructura grupal antes comentada.

 Si analizamos, llegados a este punto, la naturaleza de las alteraciones de la conducta social en perros, se observan varios factores relevantes:

  • La capacidad de las personas para establecer un lenguaje comunicativo eficaz con el perro es limitada
  • Los procesos de aprendizaje social se ven alterados, debido a la separación precoz de los cachorros de la madre y hermanos de camada
  • El sistema de normas que un perro debe cumplir en su convivencia con el humano habitualmente no está definido. La conducta esperada del perro está fuertemente humanizada.
  • Procesos tales como la impronta y el establecimiento de vínculos afectivos no se llevan a cabo adecuadamente, existiendo una alta incidencia de problemas relacionados con el modelo de apego de los perros.
  • La estructura territorial del perro está alterada, por un lado por la elevada densidad de perros, y por otro, porque se fuerza a los perros a interaccionar con individuos no pertenecientes a su grupo social.

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