Actualmente, muchas familias con niños deciden compartir su casa con animales de compañía. Los motivos que están detrás de este hecho están relacionadas con la creencia de que dicha convivencia supone una serie de beneficios para el desarrollo de los niños.

Esto puede ser cierto bajo determinadas circunstancias, sin embargo esta convivencia no esta exenta de riesgos que cada vez toman mas relevancia en nuestra sociedad.

 Algunos datos:

-Cada año aproximadamente 4,5 millones de personas son mordidas en Estados Unidos. De ellas, 800.000 personas requieren atención médica y 300.000 son consideradas graves. CDC (2010), Gilchrist et al (2009).

-Se estima que el 50% de las personas mordidas por un perro no lo comunican a los servicios de atención médica. Bernardo (2002), Kahn et al (2004).

-La mayoría de los accidentes por mordedura en niños son causados por perros que viven en su hogar. Horisberger (2002), Kahn et al (2003).-

-La prevalencia de mordeduras a niños es el doble que en la población general. Kahn et al (2003).

-Todas las razas de perro tienen el potencial para morder. AVMA (2001), Overall et al (2001), Kahn et al (2003), Reisner et al (2007).

-Véase artículo (en inglés) : Por qué los niños tienen más riesgo de ser mordidos por un perro. ( Stanley Coren, 2011)

Es por tanto una tarea a realizar entre todos el disminuir el riesgo de accidentes por mordedura o arañazos. Para ello debemos recurrir a la responsabilidad y al sentido común de los responsables de animales de compañía, pero también a la  capacidad de información y asesoramiento  desde los especialistas en conducta animal y desde el ámbito veterinario.

 Algunos consejos básicos

1. La clave es la prevención. Si va a llegar un bebé a casa, o vamos a adoptar un animal de compañía debemos pedir asesoramiento. Un especialista en conducta animal puede realizar un análisis de riesgos y establecer pautas de adaptación entre el niño y el perro.

2. La única pauta 100% efectiva es “no dar oportunidad al perro para hacer daño”.

3. Siempre que el niño este junto al perro deberá haber un adulto supervisando de forma proactiva.

4. Deben ser utilizados los medios de contención física (correas, etc.) necesarios. No olvidar en ningún caso que los animales no son juguetes inofensivos.

5. Antes de adoptar un perro o un gato debemos reflexionar acerca de si tenemos los conocimientos y los medios necesarios para hacernos cargo del cuidado responsable de un animal.

6. No olvidar que debemos enseñar al niño, en función de su edad, como, cuando y donde debe interactuar con el perro o gato de manera segura.

7. Uno de los factores de riesgo mas frecuentes es el desconocimiento de la conducta animal por parte de los responsables adultos del perro o gato. Convivir con un animal no es un juego.

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